La reforma del sistema educativo es una prioridad de intervención para la República Dominicana como respuesta a la presión de la mundialización y las exigencias de la sociedad del conocimiento. Con el declive de sectores de la economía tradicional como el azúcar y las minas, el desarrollo del turismo, la entrada en la Organización Mundial del Comercio (1995) y la posible participación al Acuerdo de Libre Comercio de América Central ya se reconoce que la educación es un factor decisivo para el desarrollo sostenible de la economía. Durante los últimos quince años se realizaron progresos significativos en materia de reformas tanto de la educación obligatoria como de la educación superior, pero esto no ha sido suficiente.
Según la LEY 66-97 (Ley General de Educación) en el CAPITULO II: PRINCIPIOS Y FINES DE LA EDUCACION DOMINICANA, en el Art. 5.- La educación dominicana sustenta los siguientes fines:
a) Formar personas, hombres y mujeres, libres, críticos y creativos, capaces de participar y constituir una sociedad libre, democrática y participativa, justa y solidaria; aptos para cuestionarla en forma permanente; que combinen el trabajo productivo, el servicio comunitario y la formación humanística, científica y tecnológica con el disfrute del acervo cultural de la humanidad, para contribuir al desarrollo nacional y a su propio desarrollo...
Tomando este artículo en cuenta y la realidad de los centros educativos actualmente, podemos decir que realmente falta mucho por cubrir, ya que nuestros maestros (as) en su gran mayoría no están formando a los estudiantes cubriendo en su educación lo que establece el Art. 5 (a) de forma significativa.